Nueve de cada diez jóvenes caen en atrasos bancarios sin tener un empleo en blanco.
El acceso temprano al crédito en la Argentina está operando bajo una dinámica alarmante. En lugar de funcionar como una herramienta de inclusión, el financiamiento se ha transformado en la puerta de entrada a la exclusión para los segmentos más vulnerables.
Según el último informe de Provincia Microcréditos, el 39,3% de los jóvenes de entre 18 y 21 años que accedieron a un crédito se encuentra en situación de irregularidad. Este indicador de morosidad, que mide atrasos mayores a los tres meses, prácticamente se duplicó en el último año, saltando desde el 19,7% registrado en abril de 2025.
La distorsión microeconómica central radica en la falta de capacidad de pago genuina. El 92% de los jóvenes morosos no cuenta con un empleo en relación de dependencia, y el 90% carece de actividad independiente formal. El mercado financiero otorgó crédito antes de que este universo consolidara un ingreso laboral estable.
El rol de las Fintech y la brecha de riesgo
El ecosistema de las plataformas tecnológicas de finanzas (fintech) aceleró la bancarización, pero con un correlato de alto riesgo de incumplimiento. El 73% de los jóvenes tuvo su primer contacto financiero a través de una fintech, y solo tres entidades concentraron el 90% de estas primeras vinculaciones.
La flexibilidad en el otorgamiento generó una brecha de sostenibilidad:
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Morosidad en Fintech: Alcanzó el 43,4%, tras un incremento interanual de 17 puntos porcentuales.
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Morosidad en Bancos: Se ubicó en 36,8%, aunque registró una subida más pronunciada de casi 21 puntos.
La edad resulta un factor crítico de vulnerabilidad. Mientras que a los 21 años el incumplimiento afecta al 31% de los usuarios, a los 19 años la tasa de mora escala al 44%. Esta inserción fallida deteriora el historial crediticio de manera prematura, restringiendo el financiamiento futuro.
Análisis de género y comportamiento en 2025
El comportamiento de la cohorte incorporada al crédito durante 2025 revela un impacto contractivo generalizado. El 37,4% de los nuevos usuarios (unos 123.000 jóvenes) terminó en mora en abril de 2026.
Al desagregar los datos por género, se observa que las mujeres presentan una tasa de irregularidad sutilmente mayor:
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Mujeres: El 38,6% (65.000 casos) incumplió sus obligaciones.
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Varones: El 36,2% (58.000 casos) no logró sostener los pagos.
Un reflejo del sobreendeudamiento sistémico
Este fenómeno microeconómico en la juventud no es aislado; responde a una crisis de liquidez y empleo a nivel macro. Entre el primer trimestre de 2025 y el de 2026, se destruyeron 120.000 puestos asalariados registrados, un contexto agravado por la caída del salario real y la suba de costos fijos de los hogares.
El tejido social muestra síntomas evidentes de asfixia financiera:
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Nuevos morosos: El sistema sumó 2 millones de personas con problemas de pago entre julio de 2025 y marzo de 2026.
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Financiamiento de subsistencia: Más del 90% de los hogares recurre al crédito para cubrir gastos corrientes de fin de mes.
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Adultos mayores: El 44,13% de los jubilados sostiene deudas activas.
Ante este escenario, la deuda ha dejado de ser un canal para la inversión o el consumo productivo. Hoy actúa, fundamentalmente, como un mecanismo de subsistencia frente al esquema de ajuste económico vigente.








