Golpeada por el desplome de ventas y la apertura importadora, la histórica fabricante de neumáticos suspenderá su producción en Pirelli Merlo por una semana. Desde julio, eliminará los turnos de fin de semana, una medida que reducirá hasta un 27% el ingreso de sus operarios y enciende las alertas en todo el polo industrial bonaerense.
El rápido deterioro de la actividad manufacturera suma un nuevo y preocupante capítulo en la provincia de Buenos Aires. La multinacional Pirelli confirmó una reestructuración drástica de su esquema productivo en la planta de Merlo: paralización total de actividades entre el 15 y el 21 de junio y, de manera permanente desde julio, la eliminación de las horas extras y los turnos de fin de semana.
La decisión, comunicada en las últimas horas a la plantilla de trabajadores, es la respuesta corporativa a una fuerte contracción en las ventas y a un nivel de sobrestock que asfixia al sector desde hace meses. Aunque la suspensión de junio se ejecutará con goce de sueldo, el verdadero ajuste operará sobre el flujo de ingresos futuros de los empleados.
El impacto en el salario real
El cambio en la modalidad operativa significa el fin del trabajo durante los fines de semana. Hasta ahora, este esquema permitía a gran parte de los operarios robustecer sus ingresos mediante el cobro de horas extras y adicionales por jornadas no laborables.
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Pérdida del poder adquisitivo: Fuentes gremiales estiman que la poda salarial promediará un 27% para el grueso de la plantilla.
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Volumen de afectados: La medida impacta de lleno sobre unos 650 trabajadores directos, en una fábrica que ya había atravesado procesos de achique de personal en los últimos años.
Representantes sindicales advirtieron que el principal eje de conflicto no es la semana de suspensión inminente, sino el recorte estructural de los turnos que representaban un pilar fundamental en la economía de las familias trabajadoras.
Derrumbe productivo: los números en rojo
La crisis de Pirelli no es un hecho aislado, sino el síntoma de una tormenta perfecta que golpea a la industria automotriz y a su red de proveedores. Las explicaciones en el sector apuntan a un combo letal:
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Desplome del consumo interno: Menor recambio de cubiertas por parte de los usuarios particulares.
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Freno en las terminales automotrices: Caída directa en los pedidos de equipamiento original por la baja producción de vehículos.
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Balanza comercial adversa: Reducción de las exportaciones combinada con un aumento en la importación de productos terminados.
Los datos de volumen son contundentes para entender la magnitud del retroceso. Según informes del sector, la planta del oeste bonaerense operaba en sus picos históricos con una producción diaria de entre 16.000 y 18.000 cubiertas. Hoy, la línea de montaje sobrevive fabricando apenas entre 3.500 y 4.000 unidades por jornada.
El “Efecto Fate” y las proyecciones del sector
La reestructuración en Pirelli reaviva los peores fantasmas dentro del rubro. En el entramado fabril, el reciente antecedente de la firma Fate —que también debió ajustar su estructura ante la apertura de importaciones y la recesión— es materia de debate diario.
Para las autoridades provinciales y los gremios, la situación de la planta de Merlo, uno de los motores industriales del conurbano oeste, es un termómetro de la economía real. Desde las cámaras empresariales del sector manufacturero ya advierten que, si la demanda agregada no muestra signos de reactivación y el esquema de comercio exterior no se calibra, la tendencia a la baja podría profundizar el cierre de turnos y poner en jaque el sostenimiento del empleo durante el segundo semestre.
Redacción: Informe Norte








