La educación en segundo plano: apenas el 5% de los argentinos la ve como el principal problema

Frente a las urgencias de la economía y la inseguridad, la educación queda relegada al séptimo lugar en el ranking de prioridades sociales del país. Un nuevo informe advierte, además, sobre una marcada y constante insatisfacción ciudadana con la gestión de las políticas del sector.

En un escenario nacional dominado por la coyuntura y las crisis superpuestas, la agenda escolar no logra captar la atención prioritaria de la sociedad. Según el último informe del observatorio Argentinos por la Educación, tan solo el 5% de la población identifica a la crisis educativa como el mayor desafío de la Argentina.

El estudio, titulado “Percepción social sobre la educación y la política educativa”, cruza datos de Latinobarómetro y de la Universidad de San Andrés (UdeSA) para trazar una radiografía de la opinión pública. Los resultados son elocuentes: los problemas en las aulas pierden por amplio margen frente a las preocupaciones vinculadas a la economía, la política, el desempleo y la inseguridad.

El mapa del interés ciudadano

La investigación, elaborada por los especialistas Valentina Gabrielli, Tomás Besada y Eugenia Orlicki, muestra matices interesantes cuando se desagrega quiénes son los que prestan mayor atención a esta problemática:

  • Por género: Existe un nivel de alerta ligeramente superior en las mujeres (7%) frente a los varones (6%).

  • Por rango etario: El grupo que más la prioriza es el de 26 a 40 años (7%) —una etapa vital que suele coincidir con la escolaridad de los hijos—, mientras que entre los mayores de 61 años la cifra desciende al 4%.

  • Por estrato social: Las personas de nivel socioeconómico (NSE) alto lideran la preocupación con un 8%, contra un 6% de los sectores de menores recursos.

Contraste regional y recorrido histórico

Si bien los números locales resultan bajos para una problemática estructural, el panorama en el resto de América Latina es todavía más desatendido. A nivel regional, el promedio de preocupación por la educación es de apenas el 3,4% (según datos de Latinobarómetro de 2024), en una agenda dominada por la inseguridad (19,1%) y las dificultades económicas (18,1%).

Dentro de la región, solo dos países logran ubicar a la enseñanza dentro de sus cinco preocupaciones principales: Brasil (10%, tercer lugar) y Uruguay (8%, cuarto lugar).

En Argentina, el interés ciudadano por la educación no es lineal, sino que ha mostrado un comportamiento pendular a lo largo de las últimas dos décadas (2004-2024):

  • Los picos: Se registraron marcas del 9% en 2006 y 2011, con un repunte en 2017.

  • El piso histórico: Durante la pandemia (2020), la prioridad cayó drásticamente al 3,4%.

  • La actualidad: Desde aquel piso, experimentó una recuperación muy gradual hasta estacionarse en el 5% actual.

Gestión reprobada: la visión sobre las políticas públicas

El hecho de que la educación no sea el “problema número uno” no se traduce en conformidad ciudadana. Por el contrario, la evaluación ciudadana de la gestión gubernamental en esta materia arroja un saldo fuertemente negativo.

“La educación figura entre los siete principales problemas para los argentinos, pero no llega al ‘top tres’ en ningún año. Sin embargo, la satisfacción con la política educativa tiene un techo del 35% desde la pandemia hasta hoy”, subraya Valentina Gabrielli, economista de la Paris School of Economics y coautora del informe.

Según los números de la Universidad de San Andrés (UdeSA), en marzo de 2026 la aprobación ciudadana se ubicó en apenas un 28%. Al comparar distintas áreas de gestión del Estado, la educación ocupa un relegado octavo lugar en el ranking de satisfacción, superando únicamente los niveles de descontento que generan salud e infraestructura.

Al respecto, Inés Insua, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano (CEDH) de UdeSA, aporta una lectura pragmática pero de alerta: “Es comprensible que, en un contexto de emergencias múltiples, otras problemáticas materiales inmediatas capten la atención pública. Sin embargo, es imposible que los esfuerzos del Estado y de la sociedad estén a la altura de la situación si la enseñanza permanece fuera de las prioridades”.

Para la especialista, el desafío de fondo es ineludible: “Si buscamos un horizonte transformador, necesitamos consolidar a la educación como el único medio real para que las personas puedan desarrollar una mirada crítica, tomar decisiones informadas y desplegar las capacidades necesarias para construir un proyecto de vida autónomo”.

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