El freno de mano de las apps: la sobreoferta de choferes ya golpea la rentabilidad
Miles de conductores se vuelcan a las plataformas como salida laboral rápida. Sin embargo, la saturación del mercado, la llegada de autos de otros municipios y la “guerra de precios” licúan las ganancias.
La promesa de la salida laboral inmediata y el dinero rápido empezó a toparse con la realidad del asfalto. Lo que hasta hace poco era la alternativa ideal para ganarse la vida o estirar el sueldo —conducir para Uber, DiDi o Cabify— hoy enfrenta su propio cuello de botella: hay demasiados autos para tan pocos viajes. La saturación del mercado ya enciende las alarmas de un sector que empieza a trabajar a pérdida sin darse cuenta.
Según datos de la Asociación Civil Conductores de Aplicaciones Unidos de la República Argentina (ACCAURA), en la región circulan hoy más de 10.000 choferes, aunque referentes del sector advierten que la cifra real ya perforó el techo de los 15.000. El combo se vuelve más complejo con la irrupción masiva de los viajes en moto, una opción económica que le resta pasajeros a los autos tradicionales.
Un mercado sin filtro que alarma al transporte tradicional
La falta de regulación de las plataformas no solo precariza el ingreso de los choferes virtuales, sino que desvela a los sectores tradicionales. Desde el ámbito de los taxis y remises, la preocupación es matemática.
“No todos podemos manejar, como tampoco todos podemos tener un kiosco. Hay un cálculo que determina cuántas unidades puede absorber el mercado”, sostiene Hernán Sosa, representante de Remiseros Autoconvocados.
Sosa recuerda que el transporte legalmente registrado se rige por ordenanzas que limitan los cupos según la densidad de población. Para colmo, el mapa local sufre una “invasión” diaria: se calcula que unos 7.000 vehículos de municipios vecinos ingresan cada día a trabajar a La Plata, absorbiendo la demanda local.
La trampa del efectivo diario: trabajar más para ganar menos
Desde ACCAURA matizan el impacto de los choferes foráneos, argumentando que los costos de traslado achican ese margen de ganancia, pero coinciden en el diagnóstico de fondo: el negocio se está canibalizando.
Pablo León, referente de la entidad, pone el foco en la feroz competencia tarifaria entre las empresas tecnológicas y la falta de educación financiera de quienes manejan. “Hoy, si no tenés una estrategia muy afilada, directamente perdés plata. No te das cuenta por el flujo continuo de efectivo, pero a mediano plazo te descapitalizás”, advierte.
La postal de esta crisis silenciosa se ve en los grupos de WhatsApp de los choferes: hoy son moneda corriente las rifas y los pedidos de préstamos solidarios para poder arreglar el auto cuando se rompe. “Es como un kiosco: ves plata en la caja todos los días, pero si no llevás una contabilidad detallada, te estás fundiendo sin saberlo”, grafica León.
El costo invisible
Vivir de las aplicaciones hoy es posible, pero el precio se paga con el cuerpo. El propio León ilustra el nivel de sacrificio actual para que la actividad siga siendo rentable: un fin de semana de 38 horas de trabajo (15 horas el viernes, 13 el sábado y 10 el domingo). El dinero ingresa, pero la ecuación del esfuerzo, el desgaste del vehículo y las horas de descanso empieza a mostrar su peor cara en el tablero.








