Por: Luciana Allende | Especial para el colectivo Ni Una Menos
Las cifras no son solo números; son las vidas que nos faltan, las historias truncadas y las familias destrozadas. En medio de la profunda conmoción por los recientes crímenes de Agostina Vega en Córdoba, Dulce María Candia en Misiones y Noelia Carolina Romero en Temperley, el observatorio de la organización feminista Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) ha puesto sobre la mesa una radiografía que duele: en los primeros cinco meses de 2026, registramos 105 femicidios en Argentina.
La violencia machista nos arrebata una vida cada 35 horas. A once años del primer grito colectivo de “Ni Una Menos” que hizo temblar las calles en 2015, la deuda sigue intacta y la violencia, persistente.
Desde el surgimiento del movimiento en 2015 hasta hoy, el recuento del horror es escalofriante: 3.096 mujeres y disidencias fueron asesinadas por el simple hecho de serlo.
El lugar más peligroso: Nuestra propia casa
El mito del callejón oscuro y el desconocido sigue cayendo por su propio peso. Las estadísticas correspondientes al período del 1 de enero al 30 de mayo de este año confirman lo que desde los feminismos venimos denunciando históricamente: el agresor duerme bajo nuestro mismo techo.
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El 60% de los femicidios fueron perpetrados por parejas, ex parejas o familiares directos.
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El 67% de las compañeras fueron asesinadas en la supuesta seguridad de sus propias viviendas.
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El 32% de los asesinos convivía con la víctima al momento del crimen.
El impacto social de estos crímenes es devastador. El 40% de las víctimas eran madres, lo que significa que al menos 73 niñas, niños y adolescentes se han quedado sin su mamá a causa de la violencia patriarcal.
Crónica de la desidia estatal: Cuando pedir ayuda no alcanza
Quizás el dato más indignante e inaceptable del informe sea el nivel de inacción judicial y estatal. Le exigimos a las mujeres que hablen, que rompan el silencio, que denuncien, pero cuando lo hacen, el sistema las deja completamente desprotegidas:
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75% de las víctimas había denunciado previamente a su agresor.
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19% contaba con una orden de restricción perimetral (un papel que, trágicamente, no frena las balas ni los golpes).
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12% disponía de un botón antipánico.
¿Cómo explicamos que 3 de cada 4 mujeres asesinadas habían pedido ayuda al Estado y aún así fueron masacradas? A esta alarmante falla del sistema de protección, se suma un dato que agrava la complicidad institucional: el 6% de los femicidas pertenecía a una fuerza de seguridad, lo que facilita su acceso a armas de fuego (el método más utilizado, en un 32% de los casos).

Radiografía de la violencia: Quiénes nos faltan y cómo operan los asesinos
La edad promedio de las víctimas de este año es de 39 años. Sin embargo, la crueldad no distingue etapas de la vida: 10 de las víctimas eran niñas o adolescentes menores de 18 años y otras 10 eran adultas mayores de 60. Al menos una de las mujeres asesinadas estaba embarazada, y el 7% del total había sido reportada como desaparecida antes del hallazgo de su cuerpo.
El informe de Mumalá también desglosa la complejidad de la violencia, evidenciando que el machismo se entrecruza con otras tramas criminales. De los 105 casos contabilizados, encontramos:
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80 femicidios directos.
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12 homicidios en contexto de narcotráfico y crimen organizado.
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5 femicidios vinculados.
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5 suicidios feminizados (mujeres empujadas al suicidio por la violencia).
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5 muertes violentas asociadas al género.
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3 transfemicidios/travesticidios.
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1 crimen de odio.
A esto se suma un abismo latente: 420 intentos de femicidio y 14 muertes que aún continúan en investigación.
El perfil del victimario
Después de arrebatar una vida, la cobardía y la impunidad marcan el paso de los agresores. El 32% se dio a la fuga tras consumar el crimen, y de ese grupo, un 18% sigue prófugo, burlando a las autoridades. Otros optaron por escapar de la justicia por mano propia: el 16% se suicidó y un 9% intentó hacerlo.
Además, se registró que el 10% de los femicidas ya contaba con antecedentes penales previos y, en su afán destructivo, el 5% llegó a asesinar a una tercera persona durante el ataque (femicidios vinculados). En cuanto a las modalidades, además del arma de fuego (32%), los crímenes se cometieron con arma blanca (24%), asfixia (13%), golpes (11%) y otros métodos (7%), quedando un 13% sin especificar.
El mapa nacional de la urgencia
La violencia machista atraviesa todo el territorio nacional, pero algunas provincias muestran tasas de femicidios especialmente críticas en relación a su población. A continuación, el detalle de la tasa provincial registrada en lo que va del año:
| Provincia | Tasa de Femicidios (%) | Provincia | Tasa de Femicidios (%) |
| Chubut | 1,1% | Santa Fe | 0,5% |
| Jujuy | 0,7% | Santa Cruz | 0,5% |
| Salta | 0,7% | Entre Ríos | 0,5% |
| Córdoba | 0,7% | Mendoza | 0,4% |
| Tierra del Fuego | 0,7% | Misiones | 0,4% |
| Santiago del Estero | 0,6% | Buenos Aires | 0,4% |
| Catamarca | 0,6% | Tucumán | 0,4% |
| Neuquén | 0,6% | San Luis | 0,4% |
| Río Negro | 0,6% | San Juan | 0,3% |
| Chaco | 0,5% | La Pampa | 0% |
| Corrientes | 0,5% | ||
| Formosa | 0,5% | ||
| La Rioja | 0,5% |
Detrás de cada porcentaje, hay una compañera que ya no está. A 11 años de habernos organizado masivamente, la paciencia se agotó hace rato. Exigimos presupuestos reales, reformas judiciales con perspectiva de género urgente y políticas públicas que dejen de llegar cuando ya es tarde. Vivas y libres nos queremos.
Redacción: Informe Norte








