Scaloni habría acordado de palabra la renovación de su contrato con la selección argentina.
El vínculo vence a fin de año: se trata de otra jugada que termina en gol en pleno Mundial y transmite confianza y tranquilidad de cara al gran sueño.
Todo nació en la playa. La aclamada Scaloneta, la renovación del plantel, su consolidación como entrenador principal, el Messi más completo de la Selección, la popularidad absoluta de este plantel, la Copa del Mundo, el ciclo más exitoso de la historia. Lionel Scaloni, mientras estaba en el torneo de L’Alcudia con el equipo, caminaba por la arena fina y dorada en Valencia cuando recibió el llamado de Chiqui Tapia. El presidente de la AFA le soltó la idea: que fuera el técnico de Argentina después de la tierra arrasada por Sampaoli.

Scaloni, aunque sentía la mirada penetrante de Aimar caminando a su lado, rápidamente dio el sí. Para él, como contó tiempo después, ya el simple hecho de ayudar era lo máximo. Pablito, tal vez menos avasallante que su viejo compañero, lo miró como diciéndole “¿vos estás loco?”. Pero el entrenador, que en 2022 se sentó a la mesa de Menotti y Bilardo, siempre confió a pleno en su capacidad. Desde su época de futbolista. En sus primeras apariciones en las Juveniles, por ejemplo, los flashes se iban con Riquelme, Aimar, Cambiasso, los goles de Biagini, pero él siempre hacía valer su sacrificio atrás. De lateral derecho, como llegó a Alemania 2006 con gran parte de esa generación, fue fundamental para los grupos por su energía positiva. La película continuó años después con la Copa más linda de todas en sus manos en 2022. Sigue con él parado en el banco de suplentes ahora en 2026. Y promete un nuevo capítulo en el futuro inmediato: está todo dado -acordado de palabra- para la renovación.

Su contrato vence a fin de año, con una cláusula de salida después del Mundial, y se extendería por cuatro años, hasta el último día del 2030. O sea, el otro Mundial. Una idea que no sólo es noticia potente a nivel informativo sino que genera confianza, tranquilidad. Por eso, la tarea la encabezó Chiqui Tapia, para que después siga la lupa sobre cada cláusula entre representantes, abogados y todos los actores necesarios. Primero hay un trazo grueso: un respaldo y un proyecto que continúa. De hecho, en la parte dirigencial de la concentración argentina son muy optimistas. Hasta se vio en público, cuando el presidente de la AFA fue abordado en Miami, en un homenaje por el aniversario 40 a los campeones del mundo del 86. Después del abrazo y la foto con el Cabezón Ruggeri, Giusti, el Checho Batista, el Chino Tapia, Zelada y Jorge Burruchaga, se dio un diálogo muy particular. “¿Cómo sigue la era Scaloni desde el 22 de julio?”, le preguntaron. “¿Por qué después del 22, si el 19 jugamos la final?”, retrucó Tapia repleto de optimismo. Y cuando le corrigieron las fechas, aseguró: “Preguntale a él. Seguramente juntos”, se permitió decir. Esas charlas se dieron en Buenos Aires, antes de aterrizar en Estados Unidos. Allí apareció el guiño de Scaloni, quien está a gusto a nivel profesional y personal con su función en ese predio al que entró de pibe, cuando Pekerman era su entrenador. La tercera parte del plan es una tranquilidad para todos. Dirigente y entrenador tienen una relación como para confiar en lo que hablan.

Si se sigue la ruta de los campeones, el Flaco Menotti dirigió el Mundial 82 después de que la Selección levantara la Copa en Argentina 78. Su reemplazante fue Bilardo, en esa táctica que tenía Grondona de cambiar absolutamente de palo después de una derrota fuerte, como pasó también cuando eligió al riguroso Passarella entrenador detrás de las famosas gorritas con Basile en Estados Unidos 94. El Doctor también se quedó en Italia 90 tras dar la vuelta olímpica en México 86, hasta que en su lugar llegó el querido Coco. Ahora lo que se busca es otro ciclo más, asentado en que es el mejor de la historia.

Hasta hoy se podría defender una postura que diga que, como pico de rendimiento, la Selección del 86 fue la top, pero como proceso éste es insuperable. Además del Mundial, levantó dos Copas América, la primera tras una larga abstinencia de 28 años. Argentina no sólo le armó un equipo como nunca para que Messi llegara a la cima en modo Messi; también gestionó una renovación de un modo único después de creer que se había llegado al subsuelo post Rusia 2018.
Redacción: Informe Norte / www.informenorte.com.ar / Mundial 2026 / Selección Argentina








