Los bancos pagan un 20% por los plazos fijos, pero cobran hasta 200% por un crédito

Plazos fijos - créditos bancos argentinos

Récord en el sistema financiero: la brecha entre los plazos fijos y los créditos toca máximos históricos

Mientras que los ahorristas reciben un rendimiento cercano al 20% por dejar su dinero en el banco, financiarse puede llegar a costar hasta un 200% anual. La desregulación, la escasez de liquidez y una morosidad sin precedentes explican este fenómeno que encarece el crédito para los argentinos.

En la Argentina, la distancia entre el premio por ahorrar y el costo de pedir prestado nunca fue tan profunda. El “spread bancario” —la diferencia entre las tasas que pagan y las que cobran las entidades financieras— ha alcanzado niveles récord, evidenciando una fuerte asimetría en un sistema golpeado por la alta morosidad.

La radiografía del mercado actual muestra contrastes extremos. Por un lado, un ahorrista que decide inmovilizar sus fondos en un plazo fijo tradicional a 30 días recibe, en promedio, una Tasa Nominal Anual (TNA) cercana al 20%. En la vereda de enfrente, esa misma entidad financiera llega a aplicar tasas de hasta el 130% anual para el otorgamiento de un crédito personal o la financiación de consumos con tarjeta de crédito.

Sin embargo, el impacto real para el cliente es aún más severo. Al incorporar los gastos fijos de los bancos y la pesada carga tributaria, el Costo Financiero Total (CFT) —el porcentaje real que termina pagando el usuario— puede escalar hasta un asombroso 200% anual.

¿Qué factores impulsan esta brecha?

Esta divergencia histórica no responde a una única causa, sino a un combo de variables macroeconómicas y normativas que encarecieron sustancialmente el crédito minorista:

  • Desregulación de tasas: La administración de Javier Milei eliminó los topes a las tasas de interés y a los punitorios que los bancos y financieras podían cobrar. Esta libertad para negociar según el perfil de riesgo de cada cliente habilitó a las entidades a elevar fuertemente los costos de financiación.

  • Cobertura por morosidad: En un contexto donde los atrasos en los pagos tocan cifras récord, los bancos buscan blindarse ante el riesgo crediticio. Para compensar las pérdidas que generan los deudores, las entidades trasladan ese costo a la tasa final que paga la totalidad del público.

  • Escasez de liquidez: Al sistema le está costando conseguir fondeo barato. Ante la falta de liquidez, el costo intrínseco de prestar dinero es mayor, en un escenario donde simultáneamente menos personas se arriesgan a tomar deudas.

  • Asfixia impositiva: La alta carga tributaria que recae sobre la actividad bancaria (Ingresos Brutos, impuestos a los sellos y gravámenes sobre créditos y débitos) se suma a los costos operativos, inflando el precio final del crédito.

La visión de los analistas

Para dimensionar el fenómeno, el economista Jorge Barreto precisó que la brecha entre la tasa activa (préstamos personales) y la pasiva (plazos fijos) asciende hoy a 45,7 puntos porcentuales.

“Esta cifra representa más del doble de su promedio histórico, que se ubica en 22,6 puntos porcentuales, reflejando una elevada persistencia del spread de intermediación”, advirtió el especialista.

Según Barreto, la evolución de este spread demuestra que el costo de fondeo de los bancos bajó mucho más rápido que las tasas que se le cobran al ciudadano de a pie, manteniendo una “significativa rigidez” en los créditos minoristas.

Alerta roja en el sector Fintech

Si en la banca tradicional el panorama es complejo, en el ecosistema de las fintech y billeteras virtuales la presión es aún mayor. Al no contar con el respaldo institucional del Banco Central (BCRA), estas plataformas buscan cubrirse cobrando tasas más altas, lo que impacta directamente en la capacidad de pago de sus usuarios.

Un reciente reporte elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) le puso números a esta crisis: la morosidad en el sector fintech saltó de un 7,3% en octubre de 2024 a un alarmante 29,6% en mayo pasado. Esta cifra no solo refleja la asfixia financiera de los usuarios, sino que perfora el récord histórico de impagos que se había registrado durante la paralización económica de la pandemia de Covid-19.

Redacción Economía

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