Tensión e institucionalidad al límite: el Jefe de Gabinete Santilli exige la renuncia de la Vicepresidenta en un hecho de gravedad inédita
La interna dentro del Poder Ejecutivo ha cruzado una línea roja de altísima gravedad institucional. En un movimiento que erosiona las bases del orden constitucional y desafía la jerarquía democrática, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, exigió abiertamente la dimisión de la vicepresidenta Victoria Villarruel a raíz de sus discrepancias públicas con el presidente Javier Milei.
El hecho trasciende la mera disputa mediática para convertirse en un peligroso antecedente: un funcionario designado por decreto pretende despojar de su cargo a la segunda autoridad de la Nación, elegida mediante el voto popular.
Un ultimátum desde un cargo designado hacia la titular del Senado
La escalada alcanzó su punto máximo cuando Santilli declaró en medios radiales:
“Si hay una persona que no está de acuerdo que dé un paso al costado. Que arme su proyecto y que compita”.
Que el Jefe de Ministros intente condicionar la continuidad de la Vicepresidenta —quien encabeza el Poder Legislativo y forma parte del binomio presidencial consagrado por las urnas— sienta un precedente alarmante. En una república, la disidencia política o la crítica interna no pueden ser causal de coerción ni de expulsión dictada por un subordinado del Poder Ejecutivo.
El detonante: acusaciones cruzadas y un clima de ruptura
El ultimátum de la Jefatura de Gabinete se produjo tras una serie de durísimas publicaciones de Villarruel en la red social X, donde cuestionó frontalmente el estado mental y la línea pública del Presidente:
“Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior.”
En el mismo mensaje, la titular del Senado elevó el tono contra la línea oficialista al señalar:
“El Presidente de la Nación no puede haber twitteado semejante estupidez. Si es así que muestre todas las pruebas de estas afirmaciones inventadas por cerebro de microbio Bolukalo”, en directa alusión a la diputada oficialista Lilia Lemoine.
La crisis institucional sobre la mesa
Si bien los cruces verbales entre los integrantes de la fórmula gubernamental denotan un nivel de hostilidad inédito, la respuesta de la Jefatura de Gabinete transforma una crisis política en un problema de diseño constitucional.
Exigir que la Vicepresidenta “dé un paso al costado” por sus expresiones no solo vulnera la legitimidad del voto de los ciudadanos que eligieron la fórmula presidencial, sino que expone una peligrosa tendencia a anular el debate y la pluralidad dentro del propio Estado nacional.







