Un ejemplar de Ballena juvenil de aproximadamente siete metros quedó atrapado en las aguas del estuario bonaerense, un hábitat completamente ajeno a su naturaleza oceánica. Fundaciones ambientales y la Prefectura trabajan para devolverla a aguas seguras.
El Río de la Plata volvió a ser escenario de un evento tan extraordinario como preocupante para la fauna marina. En las últimas horas, una ballena sei (Balaenoptera borealis) de siete metros de longitud fue hallada varada y con vida frente a la costa de San Isidro, a la altura del Pasaje del Sueco. El episodio ha desencadenado un operativo de rescate contrarreloj, evidenciando una vez más la vulnerabilidad de estos gigantes del océano cuando se adentran en nuestras costas.
Según informaron fuentes de la Prefectura Naval local a Noticias Argentinas, la alerta temprana permitió un rápido despliegue. Embarcaciones de la fuerza aseguraron el perímetro mientras un equipo de cinco especialistas en conservación, liderados por José Luis Torres —coordinador de la Fundación Temaikèn— y expertos de la Fundación Cethus, asumieron el complejo desafío de evaluar la salud del cetáceo y diseñar una estrategia de liberación.
La Naturaleza Marca el Ritmo del Rescate
Rescatar a un animal de estas dimensiones en un lecho barroso no es tarea sencilla. El equipo en el terreno se encuentra ejecutando maniobras de bajo impacto para desencallar a la ballena, pero el éxito del operativo depende de un aliado ineludible: la marea.
Las autoridades se mantienen monitoreando constantemente las condiciones hidrológicas del Río de la Plata. El repunte del nivel del agua es el factor crítico que podría otorgarle al animal la flotabilidad necesaria para liberarse sin sufrir un estrés letal o complicaciones físicas irreversibles.
Un Gigante Oceánico Fuera de su Ruta
La ballena sei no es una visitante habitual del estuario. De hecho, ostenta el título de ser la tercera especie más grande del planeta, solo superada por la ballena azul y la ballena de aleta. Mientras que el ejemplar varado ronda los siete metros (lo que indica que es un juvenil), los adultos pueden superar los 18 metros de largo. Son animales diseñados para la inmensidad de las aguas oceánicas profundas, donde se alimentan filtrando krill, pequeños bancos de peces y otros microorganismos.
Su presencia en un entorno de aguas someras y dulceacuícolas como el Río de la Plata es descrita por los biólogos como “excepcional”. ¿Qué lleva a un animal pelágico a terminar varado en San Isidro? Desde la perspectiva de la biología de la conservación, las hipótesis que se barajan incluyen:
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Desorientación severa: A menudo exacerbada por contaminación acústica submarina o anomalías geomagnéticas.
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Alteraciones oceanográficas: Cambios drásticos en las corrientes marinas o en la temperatura del agua producto de la crisis climática.
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Problemas sanitarios: Cuadros de enfermedad o lesiones previas que debilitan al animal, empujándolo hacia la costa.
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Búsqueda de alimento: Desplazamientos erráticos persiguiendo presas que también han alterado su distribución.
Solo la evaluación clínica in situ por parte de los veterinarios de Temaikèn y Cethus podrá arrojar luz sobre las causas específicas de este varamiento.
Un Patrón en Aumento
Este suceso en San Isidro no es un caso aislado. En los últimos años, la costa bonaerense y el Río de la Plata han registrado un incremento en la aparición de cetáceos desorientados o varados. Estos episodios, que actúan como verdaderos bioindicadores de la salud de nuestros océanos, exigen mantener e incluso fortalecer los protocolos de acción conjunta entre las fuerzas de seguridad, la comunidad científica y las ONGs especializadas en fauna marina para garantizar una respuesta rápida y compasiva.







