Merlo llora la tragedia del Jardin de Infantes
En mis 20 años de calle aprendí que hay crónicas que se escriben con el pulso firme y otras, como esta, donde el dolor ajeno te frena los dedos sobre el teclado. La muerte de un hijo es un contrasentido de la naturaleza; que ocurra en el jardín de infantes, el lugar donde se supone que los dejamos para que empiecen a descubrir el mundo, transforma la tragedia en un golpe devastador para toda una comunidad.
Ayer por la mañana, la rutina del jardín de infantes Raíces y Alas, ubicado en la intersección de Víctor Hugo y Quito, en la localidad de Libertad, partido de Merlo, se quebró para siempre. Nazarena Fernández, una nena de apenas cinco años, falleció tras descompensarse en el baño de la institución. Un episodio súbito, absurdo y fulminante que dejó a docentes, médicos y peritos sin respuestas inmediatas.
La reconstrucción de una mañana trágica
Todo sucedió durante el horario escolar. Según fuentes de la investigación, Nazarena pidió permiso para ir al baño. Una de sus maestras, siguiendo el protocolo habitual, la acompañó hasta la puerta. Los minutos pasaron. Ante una demora que encendió las alarmas de la docente, esta decidió ingresar. Al abrir la puerta, se topó con la peor escena: la pequeña estaba tendida junto al inodoro, inconsciente y sin responder a ningún estímulo.
A partir de ahí, el tiempo se volvió un enemigo invisible. La urgencia unió al cuerpo docente en maniobras desesperadas de RCP mientras llamaban en paralelo al 911. La ambulancia tardaba y la vida de Nazarena se esfumaba. Ante la desesperación, el primer patrullero que llegó al lugar se transformó en una improvisada unidad de rescate: policías y maestras subieron a la nena y la trasladaron de urgencia a la Clínica San Juan Bautista.
En el centro de salud, los médicos de guardia la recibieron con maniobras avanzadas de reanimación. Pelearon por su vida durante casi una hora. Sin embargo, el esfuerzo fue en vano. Pasado el mediodía, ya con los padres de la menor presentes en el sanatorio, los profesionales tuvieron que dar la noticia que nadie quería escuchar: se confirmó el deceso de la niña.
La investigación judicial: en busca de respuestas
La Justicia penal de Morón reaccionó de inmediato. La Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 2, liderada por el fiscal Fernando Capello, caratuló la causa en esta etapa de instrucción y ordenó la autopsia de rigor.
Primeras pericias: Fuentes judiciales confirmaron que el cuerpo de la menor no presentaba signos de violencia ni lesiones externas, lo que descarta —en primera instancia— la participación de terceros o un accidente traumático dentro del baño.
La principal hipótesis que manejan los investigadores y los peritos médicos apunta a un cuadro de muerte súbita o a una falla cardíaca congénita no detectada. Según los registros preliminares, la niña no contaba con antecedentes de patologías previas ni alertas de salud en su ficha escolar.
El día después: el dolor de una comunidad
Hoy las puertas de Raíces y Alas permanecen cerradas por duelo, pero el silencio en el barrio Libertad es ensordecedor. Las autoridades del establecimiento informaron que se han puesto a entera disposición de la fiscalía, entregando actas, registros y testimonios. Asimismo, el Ministerio de Educación bonaerense activó un equipo de contención psicológica para los docentes —quienes quedaron en estado de shock tras las maniobras de RCP—, los compañeritos de sala de Nazarena y sus familias.
Como periodista, uno aprende a buscar explicaciones lógicas mediante pericias, autopsias y fallos judiciales. Pero frente al dolor de esos padres que ayer dejaron a su hija en la puerta de la escuela y hoy la lloran en un velorio, no hay lógica ni crónica policial que alcance para llevar alivio. Merlo exige certezas, pero sobre todo, atraviesa un luto profundo.
Redacción: Informe Norte








