Entre recorridas por el interior, el resurgimiento de viejas espadas bonaerenses y la danza de nombres como Hernán Lacunza, el PRO acelera su armado territorial. El objetivo de máxima: recuperar densidad política para sentarse a negociar una alianza con La Libertad Avanza de igual a igual y evitar una absorción silenciosa.
El PRO puso en marcha un silencioso pero acelerado reordenamiento político con la mirada clavada en el próximo cronograma electoral. La consigna que bajó de la conducción nacional hacia las bases consta de una ecuación simple: caminar la provincia, inflar el músculo territorial y llegar a la mesa de negociación con peso propio.
En el macrismo conviven tres objetivos simultáneos:
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Recuperar presencia de base en los distritos clave.
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Ampliar la oferta de dirigentes competitivos.
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Evitar que un eventual acuerdo con La Libertad Avanza (LLA) termine en una mera cooptación individual de sus referentes.
1. Músculo territorial y la “danza de nombres”
La estrategia central no pasa hoy por bendecir a un candidato único, sino por soltar a los dirigentes a la cancha y medir quién capitaliza mejor el contacto con la gente. En los pasillos de la sede partidaria lo sintetizan sin vueltas: no hay nombres garantizados; el que mida, juega.
En esa dinámica se anotó el exministro de Economía Hernán Lacunza, quien ya le confirmó a su entorno la decisión de competir. La novedad tuvo luz verde inmediata en las filas que responden a Mauricio Macri:
“Está perfecto lo de Lacunza. Avisó hace un tiempo que tenía intenciones y nos parece excelente; ojalá aparezcan cinco candidatos más con ganas de jugar”, confió un armador del espacio.
En paralelo, el partido afina el lápiz sobre un mapa más amplio: el objetivo es desplegar unos 150 candidatos a intendentes en todo el país. Aunque las nóminas están prácticamente pulidas, la cúpula prefiere administrar los tiempos y hacer las presentaciones de manera progresiva.
2. El tablero bonaerense: Ritondo y la revancha en el Conurbano
El corazón de la batalla táctica se disputa en la Provincia de Buenos Aires, territorio comandado en el armado partidario por Cristian Ritondo. Allí, el PRO no solo busca retener lo propio, sino salir a recuperar municipios emblemáticos que quedaron en manos del peronismo.
Para esa contienda, el macrismo apelará a sus “viejas espadas” territoriales:
| Distrito | Candidato impulsado | Antecedente |
| La Plata | Julio Garro | Exintendente |
| Lanús | Néstor Grindetti | Exintendente |
| Bahía Blanca | Héctor Gay | Exintendente |
La puesta en valor de estas figuras busca mandarle un mensaje claro a Balcarce 50: el PRO aporta territorio, intendencias y estructura fiscalizadora, no solo votos prestados.
3. Macri en modo armador y el dilema presidencial
En la cima de la pirámide, Mauricio Macri reasumió la conducción táctica del espacio. A través del ciclo de encuentros “El Próximo Paso”, el expresidente mantiene un esquema fluido de reuniones políticas —incluido un reciente mano a mano con Jorge Macri— y proyecta una agenda federal que lo llevará a recorrer Jujuy en agosto y la Patagonia durante septiembre.
Sin embargo, el rol que jugará el propio Macri sigue siendo una incólume incógnita:
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Un sector duro: Presiona para que vuelva a encabezar la boleta presidencial y lidere el proceso.
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El escenario alternativo: Si Macri declina competir, en el partido consideran vital abrir una interna saludable entre nuevas figuras.
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El factor Vidal: A pesar de los rumores que la ubicaban en la carrera por el sillón de Rivadavia, en el entorno de María Eugenia Vidal desestimaron de plano esa posibilidad: “María Eugenia prefiere acompañar y aportar desde otro lugar; no está trabajando para encabezar una fórmula presidencial”.
4. La encrucijada libertaria: ¿Alianza institucional o absorción?
Detrás de la rosca y las caminatas subyace la discusión de fondo: cómo vincularse con la gestión de Javier Milei.
En el PRO coinciden en que competir divididos contra La Libertad Avanza —especialmente en la provincia de Buenos Aires— sería un suicidio táctico. Sin embargo, se resisten a ser devorados. La meta de alcanzar los 150 candidatos a intendente busca evitar que sus dirigentes terminen migrando a las listas libertarias “a título personal”.
El plan es forzar una coalición formal entre sellos, donde el PRO imponga condiciones, preserve cargos y haga valer su volumen político. A pesar de esta postura pragmática, persiste en la trastienda un ala identitaria que insiste en mantener la bandera amarilla levantada y competir con boleta propia hasta las últimas consecuencias.







