El desmantelamiento del entramado productivo suma un nuevo y doloroso capítulo. La decisión de la firma Cabot de abandonar el país refleja un ecosistema industrial asfixiado por la recesión, la apertura importadora y la crisis del neumático, dejando a trabajadores históricos al borde del ostracismo laboral.
El eco de las máquinas en la planta de Cabot está a punto de silenciarse, y con él, el sustento de 150 familias. En los pasillos de la fábrica no se respira solo el polvo de los años de producción, sino una mezcla de desconcierto, miedo y una profunda impotencia. El cierre de las operaciones de la compañía en el país trasciende la mera estadística empresaria; es el reflejo de un deterioro acelerado de la industria nacional.
El drama de la reinserción: “Sin trabajo no hay dignidad”
Para un operario industrial de oficio, superar la barrera de los 40 años se ha convertido en una condena silenciosa frente al desempleo. Desde la representación gremial no ocultan la gravedad del panorama. “Con este modelo económico está muy difícil conseguir trabajo. Los compañeros son todos mayores de 40 años, se les va a complicar mucho empezar a trabajar de vuelta”, advirtió un dirigente del sector. Pese a lo que define como una “tristeza bárbara”, la consigna en las asambleas es clara: resistir hasta las últimas consecuencias.
Esa misma angustia es la que encarna Gustavo. A sus 52 años, de los cuales 16 los dedicó a la empresa, el telegrama de despido no es solo una notificación legal, sino un abismo personal.
“Es una sorpresa grande para todos. Siento que ya no voy a conseguir laburo en ningún lado. Hay que remarla y pelear para evitar el cierre. Sin trabajo no hay dignidad y no hay nada; es una vergüenza lo que hicieron” — Gustavo, 52 años, operario.
El sentimiento de traición es palpable entre los veteranos de la planta. Un trabajador con 26 años de trayectoria cuestionó con dureza los argumentos corporativos para justificar la fuga del país. “Siempre pusimos el pecho en todas las crisis, y vaya si pasamos por muchas. Es inentendible la situación que nos plantean hoy”, relató. Para los trabajadores, la ecuación es clara: no se trata de un problema de productividad, sino de una fría decisión comercial.
El efecto dominó: FATE y la crisis del neumático
Sin embargo, el colapso de Cabot no ocurre en el vacío. Fuentes del sector advierten que la crisis terminal de la empresa se vio fuertemente catalizada por el hundimiento general de la industria del neumático. La situación se volvió insostenible tras las recientes dificultades operativas y financieras atravesadas por FATE, uno de los principales destinos de la producción de la compañía, generando un efecto dominó letal para sus proveedores.
La macroeconomía como tormenta perfecta
El telón de fondo de este cierre es un escenario macroeconómico francamente hostil para la manufactura nacional. El desplome sostenido del poder adquisitivo y la consecuente contracción del consumo interno han vaciado de demanda a las fábricas. A esto se suma el cambio de paradigma promovido por el gobierno de Javier Milei: una apertura importadora que, combinada con la recesión, castiga sin piedad a la producción local.
Los números, fríos pero contundentes, dimensionan el tamaño de la crisis. De acuerdo con diversos relevamientos privados y sindicales, desde el cambio de gestión ya se han perdido más de 320.000 puestos de trabajo formales. A la par, se estima que alrededor de 15.000 industrias han bajado sus persianas definitivamente en todo el territorio nacional.
Cabot es hoy el rostro visible de una estadística alarmante; un eslabón más que se corta en medio de una recesión que, día a día, continúa deshilachando el tejido productivo de la Argentina.
Redacción : Informe Norte








